jueves, 10 de mayo de 2012

El valor de la patente


Está bien: si quieres patentar semillas, paga por ello, pero paga retroactivamente.
Paga por su valor al que planta esa semilla en sus cultivos y tendrá que dejar de plantarla, al que guarda cuidadosamente la semilla que deberá declarar; paga a quien no le crecerá el cultivo del cual depende directamente la alimentación de su familia y su comunidad.
Paga por cada quien ha labrado la tierra durante milenios, preparándola para recibir la semilla que daba de comer y había que reproducir; paga por cada vida que se fue en ello.
Paga por cada gota de agua que ha tenido que quitársele a algo más, al árbol, al animal, al hongo, para llevarlo a la semilla para su fértil eclosión.
Paga por cada incierto viaje, por cada caminante que durante meses llevó la semilla de un lugar a otro para compartirla generosamente, para adaptarla y así hacer posible que otros pueblos vivieran mejor.
Paga por a las miles de especies que han tenido que ceder espacio para que las semillas pudieran crecer; paga por aquellas especies que se extinguieron en el intento de adaptarse a sus nuevos lugares.
Paga por el conocimiento y la investigación aplicada que se ha llevado a cabo y transmitido efectivamente por cientos de generaciones, que, sin laboratorios, han alimentado y pueden seguir alimentando a la humanidad.
Paga por los 10.000 años de vida que han hecho posible que hoy tengas una semilla en tu mano y, si eres creyente, tarde o temprano debieras negociar con Dios.
Está bien: si quieres patentar semillas, paga por ello, pero paga retroactivamente.

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